San Vicente Martir - InfosValencia

 

Vicente descendía de una noble familia aragonesa pues su padre , Euticio, era hijo del cónsul de Zaragoza Agreso. El nombre de su madre era Enola, natural de la ciudad de Huesca. Desde muy pequeño estudió bajo la dirección del Obispo de Zaragoza, Valero. Fue Vicente nombrado Arcediano, o sea el primero de los siete diáconos que solía haber en las primitivas iglesias.

El Obispo Valero, ya anciano, era tartamudo y tenía grandes dificultades en la predicación por lo que encomendó este trabajo a su diácono Vicente. 

Al mismo tiempo, los emperadores romanos reinantes, Diocleciano y Maximiano, originaron una sangrienta persecución para exterminar la religión cristiana. En 303 se publica el primer edicto imperial: Todos los pobladores del imperio tenían que adorar al “genio” divino de Roma, impersonado en el Cesar.

Para llevar a cabo los edictos persecutorios, llega a España el prefecto Daciano, que permanece en la Península dos años, ensañándose cruelmente en la población cristiana.

Cuando a finales de 303 entró Daciano en Zaragoza, lo primero que hizo fue apresar al Obispo Valero y a su diácono Vicente. Daciano ante la negativa de Vicente y Valero de adorar al emperador se los lleva arrestados a la colonia romana de “Valentia” (Valencia), ya que no se atrevía a juzgarlos en Zaragoza ante la gran simpatía que levantaban ambos.

Valentia por aquel entonces era una ciudad todavía poco o nada cristianizada. Les obligaron de ir a pie y maniatado a Valencia. Antes de entrar en la ciudad, los romanos quisieron pasar la noche en una posada, dejando a Vicente atado a una columna en el patio. Derribada aquella posada, la columna se conserva en la Iglesia de Santa Mónica, donde es venerada por los fieles.

Allí comenzó el interrogatorio, y como el obispo tenía dificultades para responder debido a su tartamudez, tomó la palabra Vicente. Resultado de este primer interrogatorio fue condenado al destierro a Valero y comenzó los tormentos contra su arcediano.

Había en los tormentos de los mártires varios grados, que se iban aplicando sucesivamente, con el fin de hacer vacilar su constancia.

Le decia Vicente a Daciano “Hay dentro de mi Otro a quien nada ni nadie pueden dañar; hay un Ser sereno y libre, íntegro  y exento de dolor. ¡Eso que tú, con tan afanosa furia te empeñas en destruir, es un vaso frágil, un vaso de barro que el esfuerzo más leve rompería. Esfuérzate, en castigar y en torturar a Aquél que está dentro de mí, que tiene debajo de sus pies tu tiránica insania. A este, a éste, hostígale; ataca a éste, invicto, invencible, no sujeto a tempestad alguna y sumiso sólo a Dios”

Daciano dijo: Sacad de aquí al obispo, pues es justo que sufra la pena del destierro, por haber despreciado el edicto imperial. Más a este rebelde hay que someterle a más duros tormentos.

Sujetadle al potro, y allí descoyuntadle los miembros y desgarradle todo el cuerpo. Que pase a la tortura de ley y recorra los más dolorosos tormentos y, si tanto tiempo dura su alma, por lo menos que se rinda su cuerpo entre los suplicios. Mientras viva no puede ése vencerme a mí.

Bajado entonces Vicente del caballete, fue llevado por los verdugos al suplicio del fuego. Pero Vicente, con más pertinaz confesión que de principio seguía confesando a Cristo Señor.

Vicente, vuelto hacia Daciano, dijo: “Hasta ahora todo tu discurso se ha dirigido a invitarnos a renegar de la fe; pero has de saber que nosotros profesamos el culto de la religión cristiana y nos declaramos servidores y testigos del único Dios verdadero, que permanece por los siglos”.

El primero de los tormentos era el potro o ecuelo consistente en un aspa de madera en cuyos extremos se fijaban manos y pies para descoyuntar los miembros al extender el aspa.

En él extendieron a Vicente y después de descoyuntar todos sus miembros lo desgarraron con garfios de hierro. Luego se le colocó sobre un lecho incandescente, supremo grado de tortura, según dice Prudencio. Vicente salió triunfante de la prueba, y fue arrojado en una mazmorra.

Se le encerró en calabozo estrecho, descrito por Prudencio, que lo debió visitar, en estos términos: “En el sitio más bajo de la prisión hay un lugar más negro que las mismas tinieblas, cerrado y estrangulado por las estrechas piedras de una bóveda bajísima. Allí se esconde la eterna noche, sin que jamás penetre un rayo de luz. Allí tiene la horrible prisión su infierno”.

En este calabozo fue metido Vicente, introduciendo sus pies en unos cepos de madera, de modo que sus piernas estuvieren violentamente separadas una de otra; y a fin de que la víctima no pudiera encontrar reposo, sembraron el suelo de pedazos de cacharros puntiagudos.

Estando Vicente en la cárcel sufriendo este tormento sucedió un milagro que cuentan tanto las actas como Prudencio: De repente se iluminó el calabozo; el suelo, cubierto de guijarros puntiagudos, se convirtió en una alfombra de flores, y mientras tanto, los ángeles recreaban los oídos de Vicente con suavísima melodía.

Enterado de lo que pasaba, Daciano dio órdenes para que trataran al mártir con toda consideración y curaran sus llagas. El carcelero, que se había convertido al cristianismo, ejecutó la orden gozoso; preparó un lecho mullido a Vicente, le acostó en él y dejó entrar a los cristianos en el calabozo. Entre demostraciones de cariño exhaló Vicente su último suspiro.

Al enterarse Daciano de la muerte del mártir, mandó tirar su cuerpo en el campo, para que fuera pasto de la fieras y aves de rapiña; pero, por singular providencia, fue respetado por todas.

En vista de esto, se le metió en un saco cosido, del que pendía una piedra muy pesada, y se le arrojó en el mar; pero las olas le sacaron de manera milagrosa de nuevo a la superficie y sería encontrado en una playa de Cullera.

Años más tarde, llegada la paz, los restos de San Vicente Mártir fueron enterrados en el Monasterio de San Vicente de la Roqueta antes de ser de nuevo trasladados a otros lugares debido al temor a que fuera destruido por los árabes al conquistar la ciudad.

San Vicente Mártir se elimina del calendario: adiós al festivo local del 22 de enero.

 

El calendario local de la ciudad de Valencia ya no será como siempre. La festividad de San Vicente Mártir se elimina definitivamente del 22 de enero. A partir de 2022 se trasladará a domingo según han confirmado desde el Ayuntamiento. Además, la decisión ya tiene la venia del Vaticano.

Fuente y más informacion: 7 Televalencia